Watkins igualmente se burla del sistema que tiene la nación, y de las mentalidades tan cerradas que tienen sus dirigentes. Nos muestra a un pueblo cansado de vivir bajo un régimen, que se rebela a través de la paz, canciones y activismo político. Es una generación que cree que el mundo puede ser un mejor lugar para vivir, en el que todos puedan convivir sin tener que estar peleando por monopolios capitalistas. Claramente los sacan de la burbuja en que están viviendo a través de torturas psicológicas y físicas. Los usan como experimentos, como entrenamiento para sus militares y policías; los humillan y se los restriegan en la cara. Finalmente, su trabajo no es tan cómico como el de Jacobs, quien descaradamente nos a Nixon eructando durante un discurso. El trabajo de Watkins mas bien nos enfurece, al saber que aunque sea un falso documental, el tipo de injusticias que sufren sus personajes sí suceden en la vida real, y hasta cosas peores.
Creo que ambos proyectos trascienden con el tiempo. Aunque se hicieron hace cuarenta años, hoy en día nos podemos identificar en diversos países con los temas que abordan. La impunidad, injusticias, los políticos que se ridiculizan a sí mismos...






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